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Page 1: Después de llegar, me encontré con la Es muy difícil ... · hizo más fuerte porque estuvimos allí el uno para el otro y seguimos confiando en Dios. Esto no siempre fue fácil,

Los m odelos son solo para ilustración. Fotos: Tapa y las manos: © Getty Images. Se reservan todos los derechos. Bebé: © VeerImages. Se reservan todos los derechos. Copyright © 2014, UnitedStates Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C.

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pueden siquiera describir cómo nossentimos durante el viaje. Estábamos muyentusiasmados con la idea de que iríamosal hogar con nuestro hijo, pero al mismotiempo estábamos asustados de quequizás regresaríamos solos a casa. Noestábamos seguros de poder manejar taldesilusión y me preguntaba qué pensaríade nosotros. ¿Lamentaría habernoselegido? ¿Qué le diría a la mujer que ibaa darnos a su hijo? Junto a estos y losdemás miedos normales de convertirnosen padres, también tenía miedo de nopoder establecer un vínculo con nuestronuevo hijo o sentir que era nuestro.

Después de llegar, me encontré con lamadre biológica, que todavía estaba entrabajo de parto. Era tan dulce y cálida, ynos sentamos con ella para apoyarla lomejor posible. Unas pocas horas después,nació nuestro hijo Andrew. Fue laexperiencia más irreal que he tenido.

Pasamos el día y medio siguiente conAndrew y su madre biológica en el hospitalconociéndonos mejor. Fue difícil saber quédecirle, sabiendo que estaba tomando ladecisión más difícil de su vida, conociendoel dolor que debe haber sufrido y sintiendoque yo causaba este dolor. Fue untorbellino emocional sostener y mirar a estehermoso bebé, preguntándome si realmentesería su madre.

Gracias a Dios, la madre biológica decidiómantener su decisión de darnos a su hijo.Más tarde esa tarde, era Nochebuena, Billy yo salimos del hospital con Andrew. Nollevó mucho tiempo antes de no tenerdudas de que era nuestro hijo, el mayorregalo de Dios. Realmente es nuestromilagro de Navidad.

Andrew tiene dos años, y para Bill y paramí está claro que Dios lo eligió paranosotros. No podemos imaginar amar a unniño que concebimos más de lo queamamos a Andrew. Es sorprendente lo bienque se adapta a nuestras personalidades.Cada día, más y más, damos gracias a sumadre biológica por su abnegada decisión.

Es muy difícil expresar en palabras loespecial que ha sido la experiencia deadopción. Ha sido un camino muydifícil enfrentar la infertilidad, así comomuchas cosas desconocidas y actos debondad y sacrificio: tantas emocionesque llevaron al crecimiento de nuestrafamilia. Hubo tiempos en que nuestra fefue sacudida y no estábamos seguros depoder cargar nuestra cruz. Pero adoptara Andrew nos ha hecho más conscientesdel poder de Dios y de su amor pornosotros. Comprendemos que siempretiene un plan perfecto para nuestrasvidas.

*Jenny y Bill (los nombres han sidocambiados por cuestiones de privacidad)quieren alentarlos a que sean receptivosal don de la adopción. ¿Te estállamando Dios a considerar la adopciónde un niño o a dar a tu hijo enadopción? Para más información,póngase en contacto con su oficinadiocesana.

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Nota editorial: Aunque algunas veces losmedios las retraten de manera negativa, lamayoría de las experiencias de adopciónson hermosos relatos de amor, como elque comparte Jenny* a continuación.

Mi esposo Bill y yo hemos estado casadosdurante seis años. Tener hijos y criar unafamilia ha sido siempre nuestra expectativa.Para el momento en que nos casamos, lamayoría de nuestros hermanos y amigos yahabían tenido hijos, y estábamosentusiasmados y listos para ser padres.

Pronto nos enteramos, sin embargo, de quetener hijos propios podría no ser tan fácil.

Hicimos viajes a diversas ciudades para sertratados por médicos maravillosos que hanayudado a concebir a muchas parejas, perotodo lo que intentamos tuvo poco éxito.Por momentos nos sentimos desesperados.Las palabras no pueden siquiera explicaresta experiencia de pérdida.

Afortunadamente, nuestro matrimonio sehizo más fuerte porque estuvimos allí el

uno para el otro y seguimos confiando enDios. Esto no siempre fue fácil, peroayudó que Bill tuviera un gran sentido delhumor y pudimos reír de algunassituaciones y conversaciones locas quevienen con la infertilidad.

Ya que sabíamos que nuestrasoportunidades de quedar embarazadoseran pocas, no pasó mucho hasta quecomenzamos a hablar de la posibilidad deadopción. Sin embargo, no fue unadecisión fácil, y me pregunté si mi corazónera lo suficientemente grande como paraamar a un niño adoptado del mismomodo que amaría a mi hijo biológico.Había también tantas otras variables queconsiderar, una de las cuales fue el costo, yya habíamos gastado tanto dinero entratamientos de infertilidad. Sentimos queno teníamos control, pero Dios nosrecordó otra vez que Él siempre está encontrol y que podíamos confiar en Él.

Por lo que, gracias al discernimiento queviene de la oración, decidimos comenzar elproceso de adoptar a un niño de Etiopía.Sin embargo, después de que tomó casi unaño quedar en la lista de espera, elprograma de adopción fue frenado porrazones desconocidas para nosotros.

Estábamos tan frustrados que comenzamosa sentir que quizás no debíamos tener hijos.Luego escuchamos de amigos que habíanadoptado a un bebé recién nacido en este

país después de solo unos pocos meses. Coneste nuevo aliento, decidimos adoptar en elpaís, eligiendo una agencia nacional másque una estatal porque suele ser más rápida.

Estábamos muy entusiasmados perotambién asustados. Seríamos elegidos poruna madre biológica y se nos exigiríaenviarle fotos y cartas frecuentemente.Probablemente, hablaríamos con la madrebiológica por teléfono y la conoceríamosdurante el parto. Y siempre existía laoportunidad de que cambiara de opinión,incluso días después del nacimiento. Nosabía cómo me sentiría sobre todo esto yme preguntaba si estábamos preparadospara más dolor. Pero lo único quepodíamos hacer era rezar e intentardejarlo en manos de Dios.

Cuatro meses después, recibimos unllamado que decía que una madre biológicaen la Florida nos había elegido. Tenía sietemeses de embarazo de un niño. Nopodíamos creerlo. Finalmente tendríamosun bebé. Hablamos con ella un par deveces por teléfono y nunca comprendí hastaentonces la suerte que tenía al casarme conalguien tan sociable, ya que Bill realmenteayudó a que la conversación fluyera.

En la fecha de parto de la madrebiológica, recibimos el llamado de queestaba en trabajo de parto. Con Billdejamos todo y nos fuimos a la Florida aconocer a nuestro hijo. Las palabras no


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