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EL ORIGEN DE GREY : CAPÍTULO 1: “Mamá tiene un pelo muy bonito. La miro. Está pálida. Su cara está completamente blanca excepto la parte de las mejillas que hay bajo sus ojos. Esa parte de su cara es negra. "Cariño, mamá necesita descansar". Ese soy yo. Yo soy "cariño". A veces soy Christian a veces soy "Cariño". Se gira y me mira. Tiene unos ojos preciosos. "¿Estás cansado cariño?" Sus labios están secos, necesitan agua. Me gustaría abrir la boca y poder decirle que no, que no estoy cansado, que quiero comer, que tengo frío. Sin embargo no puedo. Mi voz no funciona. No funciona como la de ella. No funciona como la del resto de la gente. Asiento con la cabeza. Digo que sí. Que estoy cansado, aunque no lo estoy. Miento. Soy un mentiroso. Los mentirosos son malas personas. Los mentirosos deberían ser castigados. "Vale Christian, hora de ir a dormir". Me gustaría poder dormir con mamá, pero ella me da la espalda, se estira en el suelo y cierra los ojos. Tiene un manta, pero aún tiembla. Le doy también mi manta, y voy corriendo a buscar a Car. Car quiere que lo sujete de la mano, así que lo hago. Me quedo tumbado en el suelo en la esquina. Lo abrazo, le doy un beso. Él sonríe. Mamá hace un ruido. Sus ojos gotean. Se abren. Me mira. Me mira a mí ¿Por qué están goteando? "Son solo lágrimas, Cariño". Su voz suena cansada. Ella sabe que es lo que estoy pensando. Lágrimas, las lágrimas son agua. A veces de mis ojos también

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EL ORIGEN DE GREY:

CAPÍTULO 1:

“Mamá tiene un pelo muy bonito.

La miro. Está pálida. Su cara está completamente blanca excepto la parte de las mejillas que hay bajo sus ojos. Esa parte de su cara es negra.

"Cariño, mamá necesita descansar". Ese soy yo. Yo soy "cariño". A veces soy

Christian a veces soy "Cariño". Se gira y me mira. Tiene unos ojos preciosos.

"¿Estás cansado cariño?" Sus labios están secos, necesitan agua. Me gustaría abrir la boca y poder decirle que no, que no estoy cansado, que quiero comer, que tengo frío. Sin embargo no puedo. Mi voz no funciona. No funciona como la

de ella. No funciona como la del resto de la gente.

Asiento con la cabeza. Digo que sí. Que estoy cansado, aunque no lo estoy. Miento. Soy un mentiroso. Los mentirosos son malas personas. Los mentirosos deberían ser castigados.

"Vale Christian, hora de ir a dormir". Me gustaría poder dormir con mamá, pero

ella me da la espalda, se estira en el suelo y cierra los ojos. Tiene un manta, pero aún tiembla. Le doy también mi manta, y voy corriendo a buscar a Car.

Car quiere que lo sujete de la mano, así que lo hago. Me quedo tumbado en el suelo en la esquina. Lo abrazo, le doy un beso. Él

sonríe.

Mamá hace un ruido. Sus ojos gotean. Se abren. Me mira. Me mira a mí ¿Por qué están goteando?

"Son solo lágrimas, Cariño". Su voz suena cansada. Ella sabe que es lo que estoy pensando. Lágrimas, las lágrimas son agua. A veces de mis ojos también

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brotan lágrimas, pero no sé por qué. Cuando mi estómago hace ruidos y me

duele el pecho, lágrimas escurren de mis ojos como de los de mamá. Me gustaría decírselo, pero otra vez no me salen las palabras. Me vuelvo hacía Car.

Car nunca llora. La puerta se abre, mamá se asusta, le cuesta respirar. Lágrimas. Él está ahí. Él

no tiene nombre. No conozco el nombre de ninguna otra persona salvo el de mamá y el mío.

Yo tengo dos nombres, Cariño o Christian. ¿Por qué dos nombres? Car solo tiene un nombre, Car. Yo le puse ese nombre. También le puse un nombre a él.

Le llamo el Hombre Malo. Mamá, Cariño, Christian, Car, el Hombre Malo.

"Levántate puta. Tengo un trabajo para ti". Mamá intenta levantarse. ¿Puta? Su nombre es mamá. El hombre malo está enfadado, le da una patada y a

mamá le saltan lágrimas de los ojos. ¡Mamá está cansada!, quiero decirle. Que está cansada significa que necesita descansar, no trabajar. No sé cómo decírselo al Hombre Malo. Quizás Car pueda. Lo miro. Parece que él tampoco

puede hablar.

"Christian necesita comer" Ese soy yo. Yo soy Christian, y estoy hambriento. ¿Cómo sabe mamá eso?

"Déjalo... ya le daré yo de comer a ese bastardo" ¿Tengo tres nombres? Lleva un pequeño palo en la boca. Está encendido y hace luz. Odio los palos de luz,

huelen mal. Están calientes y hacen mucho daño cuando me los restriega en la piel.

Mamá trata de levantarse pero lo hace demasiado lento. El Hombre Malo la coge del pelo y la estira. A veces me pregunto si mi pelo es bonito. Lo siento

en mi cabeza pero no sé como es.

El Hombre Malo empuja a mamá. La levanta del suelo de un tirón. Dice algo sobre encontrarse con Ricky en el piso de abajo. ¿Es Ricky un nombre? Golpea

la puerta. La pared tiembla. Cada vez que el Hombre Malo me mira, no puedo evitar que más lágrimas escurran de mis ojos.

"¿Qué quieres de comer imbécil?" Cuatro nombres. No quiero comida fría. Cuando como comida fría me hacen daño los dientes. Quiero decirle al Hombre

Malo que quiero comida caliente, pero de nuevo no me salen las palabras.

Levanto a Car y lo sostengo hacia él con la esperanza de que le diga algo. No le dice nada. El Hombre Malo lo coge de la cabeza y le da una patada. Hace un ruido gracioso. Car no llora cuando el Hombre Malo lo golpea contra la pared,

pero yo sí. Me duele el corazón. Tiembla y hace ruido. No sé si el Hombre Malo y Car pueden oírlo.

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El Hombre Malo me coge del brazo y me levanta de un tirón. Mi garganta hace

un ruido extraño. He oído a mamá hacer ese ruido antes. Me Caigo. Me vuelve a sujetar por el brazo. Me restriega el palo de luz sobre mi espalda. Finalmente

salen de mi boca algunas palabras. Es el único momento en el que soy capaz de decir algo, cuando el Hombre Malo me toca con el palo de luz. Mi boca se abre. Grito. Mis ojos se inundan de lágrimas. El coge el palo de luz y vuelve a

ponérselo en la boca, me arrastra hasta la esquina. Me aprieta. Pienso que me va a arrancar el brazo. Espero que no me arranque los dos para poder sujetar

a Car con el otro. El Hombre Malo me tira un plato de comida fría a los pies. Son guisantes. Me duele la tripa solo mirarlo.

No dice nada más. Abre la puerta y se va otra vez. Oigo un clic. Sé que la puerta no se volverá a abrir. Al menos hoy no. Ha cerrado con llave así que hoy

ya no podré salir. Corro hacia Car. El brazo por el que me cogió el Hombre Malo aún me duele, así que utilizo el otro para abrazarlo. Car debe estar hambriento

también. Le doy un beso contento de ver que él no tiene lágrimas en los ojos. Me siento junto a los guisantes. Están fríos. Pongo uno en mi boca. Están fríos y duros. Intento masticarlos pero no puedo. Dejo de intentarlo cuando

comienzan a dolerme todos los dientes. Le doy un guisante a Car pero a él tampoco parecen gustarle.

Cojo la manta y me tapo. Me tapo yo, a Car y a los guisantes. Me duele la tripa.

Vuelven a escurrir lágrimas de mis ojos y no entiendo por qué….”

CAPÍTULO 2:

Mamá tiene otra vez lágrimas en sus mejillas. Solloza desconsolada en un

rincón de la habitación. Veo brotar de sus ojos más lágrimas que nunca. Al llorar hace ruidos extraños.

Car y yo corremos a la otra esquina de la sala, nos escondemos debajo de una mesa y nos tapamos los oídos. Quiero preguntarle a mamá por qué llora, pero

no encuentro las palabras. Quiero hablar. Hay tantas cosas que quiero decir. Tantas palabras. Pero no puedo.

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El Hombre Malo está en la habitación. Grita y camina nerviosamente de un lado a otro. De repente comienza a golpear las paredes. Se acerca a mí. Me

arrastra de debajo de la mesa levanta la mano y me pega en la cara con la mano abierta.

Mamá grita. Le llama hijo de puta. Él le dice que la puta es ella y que por eso va a follársela, quiera o no quiera.

Cuando el Hombre malo me pegó no lloré. Yo ya no tengo lágrimas. Tantos gritos, golpes y ruido nos mantienen a Car y a mi despiertos. Me duele la barriga. Los guisantes que comí hacen que mis tripas se retuerzan.

Vomito. El Hombre Malo monta en cólera. He vomitado. No quería vomitar. Quise explicárselo. Yo no quería. No me escucha.

El Hombre Malo está ahora sobre mamá. Ella no hace ningún ruido. No hace

nada. Él se mueve de atrás hacía delante. La empuja una y otra vez con sus caderas. Aprieta los dientes. Mamá no dice una sola palabra. De repente comienza a llorar. Gira la cabeza y me mira.

"Mira para otro lado cariño, no mires", me dice. Ese soy yo, "Cariño". ¿Qué no mire el qué? ¿A dónde miro? Mamá comienza a gemir. Obedezco a mamá y

miro a Car. Lo aprieto fuerte contra mi pecho y le obligo a él a mirarme a mí. Así Car tampoco puede ver nada.

Quiero decirle a Car que el Hombre Malo está haciendo daño a Mamá, que él debería ayudarla. Abro la boca pero no consigo que de ella salga palabra

alguna. De repente el Hombre Malo y mamá al fin se quedan quietos. Mamá tiene sus brazos alrededor de él. Parece que le está abrazando. El Hombre Malo

nunca me ha abrazado. Solo mamá me abraza. El hombre malo se levanta. Me mira. Sus ojos son malos. Sus ojos son tan malos como él. Cojo a Car y lo abrazo con fuerza. De repente me doy cuenta de que lo estoy abrazando tan

fuerte que podría estar haciéndole daño. Le miro. Tengo miedo de haberlo aplastado. Por suerte Car está bien.

"¿Qué estas mirando capullo? Yo también soy "Capullo". Cariño, Christian,

Capullo, Bastardo. No sé de qué habla, pero tengo miedo de no responder y que me haga daño. Asiento con la cabeza. Car me ha dicho que asienta con la cabeza, que es lo que el Hombre Malo espera de mí. Se ríe. Saca un palo de luz

del bolsillo y lo enciende. Mis piernas se aflojan y comienzo a tiritar. Es miedo. Vuelve a pegarle una patada a mamá."¿Lo ves puta?". Al pequeño bastardo le

gusta mirar. Quizás acabe convirtiéndose en un hombre al fin y al cabo. Mamá. No puta. Su nombre es mamá. De nuevo muevo los labios pero no me salen las

palabras. "¡Es solo un niño, hijo de puta!"."¡Déjame en paz!"."¡Nunca vuelvas a hacerme

esto delante de él!" Mamá vuelve a gritar. Me duele la cabeza. ¿Niño? ¿Otro nombre? ¿Por qué todo el mundo tiene tantos nombres? ¿No hacer qué,

delante mío?

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"No me hables así zorra, o le pego una paliza al bastardo y te aseguro que será

mucho peor que haber mirado". El hombre malo vuelve a perder el control otra vez. Está loco. Siempre ha estado loco. Mamá no vuelve a alzar la voz. Vuelve

al rincón de la habitación y comienza otra vez a llorar. ¿Puta o zorra? Creí que su nombre era mamá. Quizás todos tenemos más de un nombre.

Miro a Car. Está en el suelo. Car solo tiene un nombre. Me siento mal por no haberle puesto otro nombre. Me prometo a mi mismo buscar otro nombre con

el que poder llamarlo. CAPÍTULO 3:

Mamá llevaba un rato sin haber vuelto a derramar una lágrima. No lo hizo incluso cuando el Hombre Malo llegó a casa.

Mama está en el suelo. El hombre malo la patea varias veces con la punta del pie. Sin fuerza. Como si esperara que mamá le dijera algo. Mamá no se mueve.

No dice nada.

“¿Qué mierda ha pasado aquí?”. Se agacha, coge a mamá y la levanta del suelo.

Se gira y me mira. Me mira a la cara con sus ojos de loco. Pienso en lanzarle a Car, pero no quiero hacerle daño.

Dejo el vaso de agua amarga que me dio mamá en suelo. Me siento. Quiero

desaparecer. Quiero que la tierra me engulla. “¿Qué coño ha pasado?” insiste, sin apartar su mirada de mi.

No sé qué decirle. No sé a qué se refiere. Recuerdo lo que me dijo Car. Asiento

con la cabeza.

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“¡Jodido y retrasado subnormal!”. Otro nombre. No digo nada. Lo único que recuerdo es a mamá diciéndome que me quería, hace tan solo unas horas. Solo

unas horas. Me dijo que lo sentía. ¿El qué sentía? ¿Por qué lo sentía? Me dijo que fuera con ella, pero no pude. No quise.

“Cariño, mamá te quiere.” “¿Me quieres?”. Tampoco asiento con la cabeza como hice otras veces. “Por favor cariño, quiero escuchar tu voz al menos una

vez.” Car no dice nada. “Por lo menos acércate aquí cariño. Déjame que te dé un beso.” No quiero un

beso. No quiero que me toque.

“Oh, Christian. Siempre pensé que cuando tuviera un bebé, le daría amor y podría criarlo en una bonita casa con columpios en el jardín de atrás. Pensé que

podría leerle cuentos y ver como crecía.” “Lo siento cariño. Lo siento mucho.” Sus lágrimas de repente se tornan en sollozos. No quiero volver a mirarla. Miro

a Car.

“Buen chico. Vete a jugar con Car. No me mires. Cuida de él” ¿Cómo sabe su nombre? ¿Se lo diría mientras dormía?

Me voy a la esquina de la habitación y me siento en el suelo. Cierro los ojos. La respiración de mamá se acelera y su llanto desgarrado se hace cada vez más y

más ruidoso.

Al cabo de unos minutos todo cesa. Se hace el silencio. Quiero decirle al Hombre Malo que es lo que recuerdo. No entiendo nada. Miro a car. Él tampoco entiende nada.

El hombre malo coge algunas cosas y se va. Cierra la puerta. Se oye un golpe

seco.

Cojo a car, me acerco a mamá. El hombre malo la levantó del suelo y la llevó a la cama. Le toco la cara y le acaricio el pelo. Esta fría. No se mueve. La cubro con una sábana.

Ella me enseñó a hacer trenzas. Le gustan las trenzas. Le hago unas trenzas

para darle una sorpresa cuando se despierte.

Estoy cansado. Vuelvo al rincón del salón y abrazo a car. Me duele la barriga. Mi boca está seca. Pegajosa. Tengo sed. Intento levantarme pero no puedo. Cierro los ojos y siento que mi estómago me duele aún más. Tengo miedo.

Quiero que venga mamá. Trato de decir su nombre pero no me salen las palabras. Empujo a Car. Consigo ponerme en pie. Voy a buscar a mamá. No se

despierta. No llora. No dice nada. Sus labios están azules. Mi cabeza me duele mucho. Mama puede arreglarlo. Solo tiene que levantarse pero no se mueve.

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No puedo respirar. Siento como mi garganta se cierra. Siento como el aire que queda dentro de mis pulmones está caliente. Estoy mareado. Comienzo a

sudar. ¿Mi cuerpo está llorando? Mi piel está húmeda. No puedo abrir los ojos. No es hambre. He sentido hambre otras veces

Mamá una vez me habló de una amiga que había tenido cuando era pequeña.

“Era una chica algo más pequeña que yo con la que jugaba en los columpios que había en el jardín de atrás de casa.”

Le pregunté que eran unos columpios, y ella me hizo cerrar los ojos.

“Imagina un trozo de madera con cadenas a ambos lado. Suspendido en el aire, colgando de la rama de un árbol, balanceándose en el aire cada vez más

y más alto” Le pregunté si daba miedo. Me dijo que no. Me dijo que le gustaba cerrar los

ojos y sentir la brisa del aire en la cara. Ella y su amiga reían, hablaban y comían helado en el columpio. Desde entonces cuando me duele el pecho, los

brazos o la barriga, cierro los ojos y pienso en un columpio. En lo que creo que es un columpio.

CAPÍTULO 4:

“Tengo frío, mucho frío. Meto las manos en los bolsillos de los pantalones y me acurruco contra la pared. Siento que la cabeza va a estallarme. Estoy temblando y empapado en sudor. Es un sudor frío. Tiemblo. Mis dientes

chascarrean.

De repente oigo un ruido que viene de afuera. Hay alguien en la entrada intentando abrir la puerta. Me pregunto si es el Hombre Malo. Me pregunto si

ha vuelto a buscar a mamá.

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Trato de abrir los ojos. Mamá está donde el Hombre Malo la dejó. No se ha

movido en todo este tiempo. Ni siquiera un poco.

Quiero avisarle de que el Hombre Malo ha vuelto. Trato de gritar y decirle que debemos escondernos. Se me cierra la garganta. Me quedo sin aire como me ocurre cada vez que intento articular alguna palabra.

Mamá una vez me dijo que debía acostumbrarme no obstante nunca me dijo

por qué me ocurría. ¿Por qué yo no podía hablar y los demás sí podían? Una vez mamá me dijo que cuando era bebé hablaba. Mamá me lo dijo. Yo no lo recuerdo.

Las persianas de toda la casa están bajas. Creo que es de día pero apenas

entra luz a las habitaciones. De repente la puerta se abre. La luz del sol me da en la cara. Me deslumbra. Cierro los ojos.

Tras unos segundos consigo abrirlos. Hay varios hombres y una mujer en la entrada. Los veo a través del cristal del marco de la puerta. Suspiro aliviado. No

es el hombre malo.

Uno de ellos empuja la puerta. El hombre malo olvidó cerrar con llave. Uno tras otro van entrando al interior de la casa. No huelen como suele oler el

Hombre malo. No huelen a humo. No huelen a palos de luz. Son tres. Estoy delante de ellos pero no me ven. Cuando sus ojos se

acostumbran a la oscuridad de la casa, uno de ellos, la mujer, ve a mamá.

-“¡Dios mío!” – grita asustada al verla. Cierro los ojos. No quiero ver qué pasa ni saber por qué grita. No huelen

como él. Pero visten como él.

Oigo como entran aún más personas en casa. Para cuando me doy cuenta, la habitación está llena de gente.

Hace tiempo que se han dado cuenta de que estoy en la habitación. Me ignoran. Nunca había visto tanta gente junta.

Todos están alrededor de mamá. La miran, pero ninguno hace ni dice nada.

Uno de los hombres gira y comienza a caminar hacia mí. Intento levantarme pero las piernas no me responden. No puedo moverme. Busco a mí alrededor.

Trato de encontrar a Car. No está. ¡Car no está! Intento no llorar. No quiero llorar. No puedo llorar.

Uno de ellos coge a Car. ¡Olvide coger a Car!

El estómago me da un vuelco. Quiero gritar. Quiero que lo suelte. Quiero que

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me lo devuelva. Car es mío. Quiero a Car.

- “Shhh, tranquilo. Todo está bien.” – Tiene la voz demasiado dulce para ser

un hombre. Es una mujer, pero va vestida como un hombre. - “¿Cómo te llamas?” -me dice mirándome a los ojos.

Veo como un hombre levanta a mamá de la cama y la saca de su habitación.

Mamá no se mueve. No hace ni dice nada. La cabeza y los brazos le cuelgan mientras la sacan en brazos de casa.

Sin que me haya dado cuenta uno de los hombres se me ha acercado por detrás. De un manotazo me coge el brazo derecho y lo agarra con fuerza. El

mismo brazo. El mismo del que había tirado el Hombre Malo para arrastrarme a la sala. La articulación del hombro cruje como el muslo de un pollo guisado al

retorcerlo. Siento que me voy a desmayar. Gruño. No tengo fuerzas para resistirme. Sin mucho esfuerzo el hombre me tira al suelo y me inmoviliza. Siento dolor. Siento rabia. ¿Quiénes son todos esos hombres y que hacen en mi

casa? De repente siento un pinchazo. Siento como mis ojos comienzan a cerrarse. Quiero saber donde está Car. Estará asustado. Lo sé. Probablemente

esté llorando.

Me despierto. Ya no tiemblo. Ya no tengo frío. No estoy en el suelo. Estoy en una cama. Una cama blanca.

No es como las camas de mi casa. Es una cama diferente. Rígida. Tampoco reconozco las paredes. Cuatro cuadros adornan la habitación. Es una habitación

cuadrada. Hay un cuadro en cada pared. ¿Quién los habrá pintado? Junto a la cama hay una pecera con peces. Peces de color naranja que

parecen sonreírme mientras nadan nerviosos de un lado para otro.

Hay una caja al lado de mi cabeza. Una caja metálica. Hace un ruido electrónico que se repite a intervalos iguales de tiempo. Es un sonido parecido

al ruido que hace el teléfono del Hombre Malo. - ¡Carrick ven aquí! ¡El niño está despierto! - El grito me sobresalta. Creo que

se refieren a mí.

-“Hola Cielo” -¿Ahora soy cielo?

Me giro y miro hacia el otro lado de la cama. Un hombre y una mujer están sentados frente a mí y me miran fijamente. La mujer se levanta y se acerca a la cama. Levanta la mano e intenta tocarme.

No me toques. No quiero que me toque. No lo hace.

Pasa la mano por encima de mi cabeza y agarra algo de una repisa. ¡Es Car! En

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lugar de tocarme me da a Car.

Lo he extrañado. Sus ojos no están rojos y sus mejillas están secas. No ha

llorado. Creo que hasta se alegra de volver a verme. - “¿Christian?” -Creía que solo mamá me llamaba así. ¿Dónde está mamá? Me

incomoda que me llame así.

-“Mi nombre es Grace” – sonríe. Tiene un gesto extraño en su cara. Es como si estuviese triste y contenta al

mismo tiempo. ¿Le doy lástima? ¿Por qué le doy lástima?

Estirado en la cama vuelvo a girarme. Me quedo mirando los peces.

- “¿Sabes dónde estás?” - ¿Por qué insiste en hablarme? No la conozco. No quiero hablar con ella ni con nadie. Mamá me dijo que no hablara con el Hombre Malo. Aunque nunca hablara con

ella siempre me hablaba como si fuese capaz de hablar. A Mamá no le hubiera gustado que hablara con Grace. ¿Grace tiene más nombres?

- “Estás en un hospital. Estás muy enfermo, pero soy doctor y voy a hacer

que te pongas bien”- El gesto de su cara cambia. Ya no sonríe. Ya no está contenta. Ahora solo está triste.

El hombre sigue sentado. Grace lo mira. No sé por qué están ambos aquí. No sé por qué estoy yo aquí. No estoy enfermo. Una vez recuerdo que estuve

resfriado. Tenía mocos y tos. Se cuando estoy enfermo, y ahora no lo estoy. Otra mujer entra en la habitación. Quiero que sea mamá. No es ella.

Es otra mujer con cara triste y contenta a la vez. Una cara como la de Grace.

- “Hola cielo” – dice al entrar. ¡Ella también sabe ese nombre!

- “Debo hacerte más test antes de que volvamos a dormirte”. ¿Cómo va a hacer que me duerma si no estoy cansado?

Hay una cosa en mi brazo. Algo que va de mi mano a la caja. Algo que se hunde en mi piel. Quiero quitármelo. Quiero que me lo quiten. Intento decirles

que lo hagan. Gruño otra vez. Sin embargo la mujer y el hombre se limitan a mirarme con cara sonriente y

triste a la vez. Todos ellos. Ninguno me ayuda. Quiero ver a mamá. Siento que los párpados me pesan. Estoy cansado. Intento pensar pero no

puedo. Estoy aturdido. Me siento mareado. Todo se vuelve negro.

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CAPÍTULO 5:

“Tengo la boca seca. Tengo Sed. Necesito beber un poco de agua.

Las personas que están en la habitación hablan. Algunas hablan entre ellas. Otras hablan solas. Grace está hablando con una chica.

Sigo tumbado en la cama. La misma cama de sábanas blancas. Abro los ojos pero no me muevo. Si no me muevo quizás no se den cuenta de que estoy allí,

o quizás, al menos no se den cuenta de que estoy despierto.

¿Están hablando de mí? Trato de respirar con cuidado, sin hacer ruido, y escuchar lo que dicen.

“Han sido aceptados en el programa de adopción, no obstante aún deben esperar. Debemos comprobar que no existe ningún familiar directo en vida que

pudiera reclamar la custodia del chico. Debemos poder verificarlo y estar seguros de ello antes de proceder a firmar los papeles” Es una voz

entrecortada. Desganada. Triste. “Lo entendemos. Descuide. Sin embargo, qué pasa si tiene algún pariente. Un

pariente cercano en vida. ¿Qué pasa si resulta que no lo hace mejor? ¿Qué pasa si también es como él? ¿Qué pasa si es como ella?” – Dice otra voz. Una

voz fuerte y tosca, pero también triste.

“Su madre no dejó ninguna indicación. No tenemos constancia de que hubiese ningún otro familiar. Ningún vecino conocía al padre ni a la madre. Nadie ha reclamado al chico ni nos ha aportado ninguna pista que nos pudiera servir

para intentar encontrar a algún pariente”.

“Es triste decirlo, pero todo hace pensar que está sólo. La única razón por la que conocemos su nombre es porque él lo había escrito con tiza en la pared”.

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¿Qué nombre? ¿A quién se refiere? Quiero abrir los ojos y preguntar de quien

hablan pero me da miedo hacerlo. No quiero que me toquen. No quiero hablar con ellos.

“Pero no se preocupen. Si alguien viene a buscarlo y dispusiera de la potestad necesaria para acogerlo, personalmente me encargaré de que se haga un

trabajo exhaustivo de investigación y seguimiento para asegurar el bienestar del niño allí donde esté”

Se hace el silencio. Nadie pronuncia una sola palabra durante los próximos cinco o diez minutos. ¿Se habrán dado cuenta de que estoy aquí? ¿Saben que

estoy despierto? Por unos momentos temo que me hayan visto moverme.

“Bueno, en cualquier caso, por el momento solo nos queda resignarnos e intentar sobrellevarlo lo mejor posible mientras dure el periodo.” – Oigo como

se marchan de la habitación. ¿Qué periodo? ¿A dónde han ido? ¿Quién es ese niño, a donde va? ¿A dónde se

lo quiere llevar? Siguen hablando por el pasillo. Aún alcanzo a oírles.

“De momento, tan pronto como le podamos dar el alta y durante todo lo que dure el periodo de reasignación de custodia vivirá en una casa de acogida. Si

nadie lo reclamase. Entonces, será todo suyo.” Mi cabeza comienza a dar vueltas. Hablan de mí. ¿Todo suyo? Dejo de

escuchar. Siento un vacío en el estomago. Un vacío como el que se siente al acercarse al borde de un precipicio. Tengo miedo. Me acurruco bajo las sábanas

y aprieto la almohada contra mis oídos, con fuerza, utilizando las dos manos. No quiero seguir escuchando. Por suerte se alejan. Ya no consigo oírlos.

Después de un rato consigo calmarme. Pese a no haberme movido de la cama estoy cansado. Es de noche. No tardo mucho en dormirme.

Cuando vuelvo a despertar hay un montón de gente en la habitación. Como

todas las personas que veo, también parecen felices y tristes. No había vuelto a ver tanta gente desde el último día que estuve en casa. Todos se mueven nerviosos de un lado para otro. Grace está ahí.

Ve que estoy despierto y se acerca a la cama.

“Esta es tu fiesta de bienvenida, Christian” – me dice con voz dulce.

¿Bienvenida a dónde? Hace días que estoy aquí, hace días que no estoy en casa.

Mete ambas manos en una bolsa de deporte que hay junto a la cama y saca una pequeña caja. La coloca con cuidado sobre mis piernas. Junto a Grace hay

un hombre. No sé quién es. Me mira intrigado como si esperase con curiosidad ver cómo reacciono.

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“Este es un regalo para ti. Vamos, ábrelo, te gustará.”

De repente todo el mundo se calla y tornan su atención hacia donde estoy. Todo el mundo me mira. Noto como la piel de los brazos se me eriza. No quiero hacerlo pero creo que voy a llorar. Quiero a mamá. Quiero a Car. Quiero que

me dejen en paz.

“Tranquilo.” – Intenta acariciarme la cara con la mano. Me aparto. No quiero que me toque. Sorprendida recoge la mano. Cruza los brazos y se retira hacia atrás. Tiene la cara desencajada. Noto que se ha disgustado. Se retira. La

pierdo de vista cuando se mezcla con el resto de las personas que se agolpan junto a la cama. Me da igual. No quiero saber nada de ella. No quiero saber

nada de nadie.

Tras unos minutos de silencio, otra de las voces insiste. "Es un regalo para ti. Vamos. Ábrelo”

Finalmente hago lo que me piden. Quizás así se marchen y me dejen en paz.

Cojo el regalo y quito el papel que envuelve la caja. La abro.

¡Es una foto de Car! Car está sobre una mesa, junto a la cama. Sonrío a Car. Él me sonríe. Creo que le gusta el regalo.

“Sabemos que te gusta Car, así que le hemos hecho una foto para que puedas

llevarla contigo siempre que quieras. Es para ti, puedes llevártela a la casa de acogida” ¿Cómo sabe el nombre de Car? ¿Casa? ¿De vuelta a casa con mami? ¿Dónde está mami?

Mamí no está aquí. Hace muchos días que no veo a mami. El hombre malo

tampoco está ahí. Comienza a dolerme el pecho. Algo me dice que Casa no es mi Casa. La casa de mamá. Mamá no va a estar allí. Quiero preguntarles por

qué me obligaron a irme. Por qué se la llevaron a mamá. No puedo respirar. Solo hago ruidos. Nadie parece contento. Todos están

tristes. No entiendo nada. Quiero a mamá. No quiero saber nada de ellos ni de la foto. Golpeo el marco de cristal contra la mesa que hay junto de la cama. La

fotografía y el marco caen rotos al suelo.

¿Casa? Yo ya tengo una casa. Grace me mira. Está sorprendida, pero no parece enfadada. Recoge la foto y la

coloca en la mesa, junto a Car. Se agacha y de la misma bolsa de dónde sacó la foto, saca dos muñecos. Los coloca también en la mesa. Junto a la foto. Junto a

Car. Retira la mesa para que no pueda alcanzarlos.

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Intento quitarlos. Intento tirarlos al suelo. Probablemente Car no quiera ser

amigo de ellos. Quizás no quiera que Grace los ponga allí. Quizás Car los odie como yo odio a todas las personas que están en la habitación.

“Cariño. Todo va a estar bien. Serás parte de su familia. Pronto.” – Grace señala a la mujer que intentó tocarme y que ahora me mira desde el otro lado

de la habitación, cabizbaja y compungida.

Ya tengo una casa, y también tengo una familia. Mamá, el Hombre Malo y Car. Mis ojos comienzan a rezumar lágrimas. No consigo alcanzar a Car. No puedo ver a mami. La gente comienza a irse. Todos parecen tristes. Muy tristes.

No entiendo. Quiero saber que quieren de mí.

De repente Grace se acerca a la mesa, coge a Car y lo pone en la cama, junto a

mí, como si hubiese escuchado mis pensamientos. Como si supiera lo que quiero. La miro a los ojos.

Quizás sepa también lo que estoy pensando... Como Mamá.

“Christian, te prometo que cuidaremos de ti de ahora en adelante. Tendrás una vida de felicidad y amor. Tendrás la vida que te mereces” – Dice Grace. No

quiero escucharla más. No quiero escucharla a ella ni a nadie más. Aprieto a Car con fuerza contra mi pecho. No quiero nada de ellos. No necesito nada de ellos. Quiero a Car y a mamá. A veces incluso pienso en volver a ver al

Hombre Malo. También a él. Pero solo cuando no es malo. El Hombre Malo es bueno a veces.

Mis labios están otra vez secos. Grace me mira y antes de poder hacer ningún gesto me acerca una botella. Bebo.

Ella sabe lo que estoy pensando. Como mamá.

“Mira. Utiliza la pajita para beber. Así.” -Hago lo que me dice. Sabe muy bien.

Está frío y tiene trozos de cosas frías. Frías y dulces. Es suave y dulce. Grace vuelve a parecer contenta de nuevo. Creo que incluso he sonreído. Hace

mucho tiempo que no sonreía.

“¿Mejor cariño?” - ¿Cómo sabe mi otro nombre? Quizás mamá se lo dijo… Si eso es así, significa que a mamá le gusta Grace. Eso significa que a mí también

podría gustarme Grace. Me cae bien. No como mamá o como Car, pero es buena conmigo. Tiene un

pelo bonito como el de mamá. Quiero tocarlo. No lo hago porque no se sí a ella le gustará. Grace coge los dos muñecos que había colocado junto a Car y los

pone en la cama. Son de distinto color, pero se parecen a Car.

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Mamá dice que Car es rojo. Uno de los muñecos de Grace es amarillo, como el

sol. El otro es azul claro, como el cielo. Me gustan los dos colores. Les sonrío. Me sonríen a mí.

Son buenos… como Car. Espero que a Car le caigan bien porque a mí me caen bien. Se los enseño a Car. Sus nombres son Sol y Bob. A él le gustan. Le gustan

también sus nombres.

Quizás toda esta gente triste y contenta. Toda esta gente nueva y extraña, no sean malas personas. Sonrío. Es la segunda vez en un mismo día.

CAPÍTULO 6:

…Grace me dijo que esta es mi casa. Mi casa de acogida. Por ahora.

En casa vivimos dos niños, dos niñas, una nueva mamá y un papá. En casa hay un niño que se llama Jack. Me gusta ese nombre. Jack.

Jack es bueno conmigo cuando hay más gente con nosotros, pero es malo

conmigo cuando nadie puede vernos. Jack y yo dormimos en la misma habitación.

Hace dos días Jack le arrancó un brazo a Car. Él dice que fue un accidente pero yo no sé cómo se le ha podido caer un brazo a Car, así, sin más, por accidente.

Es la primera vez que le pasa eso.

Como no me fío de Jack escondí a Sol y a Bob. Escondí a Car y escondí también el brazo izquierdo de Car. Jack está enfadado. Se enfadó un montón. Dice que Grace y Carrick lo quieren más a él que a mí pero yo sé que eso no es verdad.

Yo creo que es por eso que se ha enfadado.

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Jack me llama imbécil por no hablar. El Hombre Malo solía llamarme así. Imbécil. ¿La gente suele utilizar el mismo nombre para referirse a más de una

persona? Yo sólo utilizo un nombre con cada persona. Cada persona debería tener un

solo nombre y ese nombre debería ser únicamente suyo.

Mi nueva mamá suele llamarme Querubín. Jack dice que un Querubín es una especie de ángel y que me llama así porque

los ángeles son imbéciles. Nunca he visto a un Ángel, pero Jack sabe mucho de todas esas cosas.

Jack dice que tiene ocho años. También dice que sabe conducir, pero yo no le

creo. Mi nueva mamá me ha dicho que Jack tiene cuatro años más que yo.

A Jack le gusta ir a la habitación de las chicas. En casa tenemos habitación de

chicos y habitación de chicas.

A veces vienen más chicos a casa. Chicos que entran a la habitación de las chicas. Jack se queda mirando cuando un chico y una chica suben juntos a un dormitorio. A veces el chico se sube sobre la chica como el Hombre Malo hacía

con mamá. Hacen ruido como ellos hacían.

Jack dice que es divertido. Que es divertido mirar. Mamá me decía que no mirase cuando ella y el Hombre Malo hacían eso.

Jack tiene un libro. Dice que es una revista. En la revista de Jack hay muchas chicas sin ropa. Jack dice que son chicas calientes. He tocado las hojas de la

revista de Jack y no están calientes. A veces Jack me engaña, como cuando me dice que sabe conducir. Esas chicas no están calientes. Los palos de luz están

calientes. En la casa nueva nadie tiene palos de luz. Ni siquiera Jack. Jack tiene una cama gigante. Mi cama está junto a la suya, sin embargo a mí

me gusta dormir en el suelo. Jack dice que es porque soy imbécil, pero mi nueva mamá me ha dicho que puedo dormir donde quiera. Donde más me

guste.

A Betty y Beca, las dos chicas que viven en casa, les caigo bien. Me ayudan a bañarme y juegan conmigo. No me tocan. Saben que no quiero que nadie me toque.

Saben hacer burbujas de jabón y burbujas en el agua de la bañera. Me gustan.

Son buenas conmigo y guapas como lo era mamá. Me gustaría decírselo, pero no sé cómo. Sigo sin poder hablar por mucho que lo intento.

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Quiero decirle a Beca que Jack se mete en su habitación cuando su amigo Max viene a verla, pero no sé cómo decírselo. Ella me llama “guapo”. No sé cómo la

gente no se cansa de todos esos nombres. Mi nueva mamá me lleva al hospital todos los días. Allí me hacen un montón de

pruebas y cosas para que no me ponga enfermo nunca más. No me dejan comer lo que come todo el mundo. Yo sólo como purés. Puré de patata, puré

de calabacín, puré de zanahoria. No importa. Me gusta el puré. El puré siempre está caliente.

Siempre que voy al hospital veo a Grace. Siempre que voy tiene algún regalo para mí.

A veces Grace viene a visitarme a mi nueva casa. A la casa de acogida. Cuando

viene me lee cuentos y me enseña fotos de su casa. Dice que será también mi casa. Creo que también quiere ser mi mamá.

Grace tiene un hijo que se llama Elliot dice que es mayor que yo y que quiere conocerme. Que tiene muchos juguetes que quiere enseñarme.

Algunos días Grace me lleva a comer helado.

A veces quiero abrazarla y decirle que la quiero. Pero no puedo.

Hace tiempo que no sé nada de mamá. De mi mamá de verdad. Me gustaría volver a verla pero nadie parece saber nada de ella.

La recuerdo todos los días. Recuerdo cuando jugábamos en el salón y como a veces reía. A veces cuando la recuerdo lloro y cada vez que me pasa, al llorar

me duele mucho el pecho. Me suele ocurrir los días en que Grace y Carrick vienen a verme.

Cuando lloro Jack se vuelve loco y me pega. Me pega y me amenaza con seguir

pegándome si se lo digo a alguien. A veces a Jack se le olvida que soy demasiado tonto para saber hablar como el resto de las personas.

No me importa que Jack me pegue. Solo cuando me pega muy fuerte. Jack no es tan grande como el Hombre Malo y cuando me pega no duele tanto así que

no me importa.

Cuando Jack me pega no me duele, pero me hace sentir triste. Yo quiero ser su amigo pero Jack solo es mi amigo cuando hay más personas alrededor nuestro.

Un día Grace me dio una foto. Una foto en la que salen ella, su marido Carrick y su hijo Elliot. Me dijo que la guardara, para que recordase como es una familia.

Yo no sabía que las familias estuvieran formadas por más de dos personas.

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Cuando Jack vio la foto que me había regalado Grace, la tiró al suelo y la

rompió. Lloré. Sabía que eso iba a hacer que Grace se pusiera muy triste. Pensé en esconder la foto para que ella no pudiera verla cuando viniese a visitarme.

Un día que vino a casa preguntó por Car. Preguntó por Car, por Sol y por Bob. Bob estaba debajo de la almohada y al sacarlo Grace vio la foto que tenía

escondida.

Pude ver en su cara como se le partía el corazón cuando vio la foto que me había regalado hecha añicos. Grace cree que yo la he roto.

Quiero decirle que yo no he sido, pero antes de poder hacer nada Grace comienza a llorar. Coge los trozos del marco que encuadraba la foto y me mira.

No sé qué hacer ni que decir

Le doy a Car, a Sol y a Bob para que los abrace y ellos la abracen, para que pueda sentirse mejor. Parece otra vez contenta. Otra vez contenta y triste al mismo tiempo.

No es justo. Quiero decirle que fue Jack. Quiero decirle que Jack es estúpido.

Jack tiene dos nombres, Jack y estúpido.

Quiero decirle a Grace que me gustan sus regalos, pero en lugar de eso no puedo evitar comenzar a llorar.

”Christian, no llores. Probablemente en ese momento estabas enfadado y por eso hiciste esto. Está bien. Tranquilo.”

Intenta tocarme. Estoy demasiado asustado para dejarle hacerlo. Me alejo de ella. Me mira con cara más triste que contenta.

“Puedo traerte otra foto si quieres” – me dice. Asiento con la cabeza. Grace

parece contenta.

Nunca más dejaré al estúpido de Jack tocar mis cosas. “¿Christian, te gustaría conocer por fin a Elliot?” – me pregunta.

La miro. No sé qué contestarle. Al final asiento nuevamente.

“Carrick puede encontrarse con nosotros en el parque. Así, si quieres, también podrás jugar con él”

Grace parece más contenta y creo que yo también me siento más contento.

Grace camina a mi lado mientras nos dirigimos hacia el parque. Ella me dijo que no hace falta que le dé la mano para pasear por la calle pero que debo

mantenerme cerca de ella. Lo hago.

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Me gusta Grace. No quiero que se vaya.

Aunque ya se está haciendo de noche aún hay un poco de luz.

Doy un salto. ¡A lo lejos veo a Carrick empujando a otro chico en los columpios!

Grace se agacha y me mira. Se ha dado cuenta de que quiero ir a jugar a los columpios.

“¿Qué pasa Christian?” - Ella parece muy contenta de verme así. No puedo mirarla. No sé como pedirle permiso para ir a jugar. No sé si me dejará. Miro al

suelo.

“Christian, mírame” - No parece enfadada. Quizás no lo esté. Levanto la vista un instante y vuelvo a mirar al suelo.

Vuelvo a mirar al niño que juega en los columpios. Se levanta. Me acaricia el pelo.

Levanto mi mano e intento tocar los dedos de su mano. De repente Grace se da

cuenta y se detiene. Doy un salto asustado. Carrick, el niño y Grace me miran. Quiero irme de allí.

Veo como el niño salta del columpio y corre hacia mí. Doy un paso atrás. Mi corazón late con fuerza. Carrick lo detiene con el brazo y evita que se me

acerque demasiado. Le susurra algo al oído. Sé que habla sobre mí.

El niño vuelve a intentar acercarse a mí, pero ahora lo hace poco a poco. Miro al suelo.

“Tú eres Christian”, me dice, Grace debe haberle dicho como me llamo.

"Me llamo Elliot, soy tu hermano.” Lo miro y miro a Grace. Grace se gira y sonríe.

Elliot está tan cerca de mí que podría tocarme. Levanta su brazo y lo pone sobre mi hombro derecho. Él es más grande que yo. Es más grande y además

sabe hablar. Miro a los columpios. Parece contento.

"Me gustan los columpios, ¿Quieres ir a jugar a los columpios conmigo?” Durante unos instantes no se qué hacer.

Elliot se gira y comienza a correr hacia el mismo columpio en el que estaba hace unos instantes. Sin darme cuenta me veo corriendo hacia el otro

columpio.

Me detengo. El columpio es demasiado grande. Elliot es más grande que yo. Yo no puedo saltar tan alto. Carrick está junto a mí. Intento subir. Lo intento varias

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veces pero no lo consigo.

"¿Quieres que te ayude?" - Suspiro con fuerza. No quiero que me ayude. No

quiero que me toque. Noto que se acerca a mí. Rompo a llorar. Otra vez. “No llores pequeño hombrecito” - dice Carrick con voz pausada a la vez que me

ayuda a subir.

Ahora soy pequeño hombrecito. No quiero más nombres. No quiero que nadie me ayude. Lo único que quiero es subir por mi mismo al maldito columpio.

CAPÍTULO 7:

Lloro tanto que Carrick se asusta y da un paso atrás.

Quiero gritar. Quiero chillar. Noto como la rabia me quema por dentro.

Deseo que el Hombre Malo estuviera aquí.

Siento que tengo demasiadas cosas en la cabeza. Siento que de repente demasiadas personas me importan. Me importa como están, que sienten y que

piensan de mí. El Hombre Malo sabía qué hacer para que ese sentimiento de empatía

desapareciera. Esa estúpida sensación de que la vida de los demás me importa.

Una vez el Hombre Malo me pegó tan fuerte que pude sentir como mis tripas se

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sacudían en mi interior.

Carrick, Elliot y Grace ni me pegan ni me chillan. Están siempre pendientes de

mí. De qué necesito. De qué quiero en cada momento. Me cuidan. Elliot se baja del columpio y corre a esconderse detrás de Carrick.

Siento la necesidad de pegarle a algo o a alguien. Siento como si mis manos

quisieran darle una paliza a lo que sea. Una paliza como las que el Hombre Malo nos propinaba día sí, día también, a mamá y a mí.

¿Seguirían queriéndome si golpeara algo? ¿Si le pagara a algo, a alguien o a mí mismo?

Grace se acerca y se arrodilla. Quiere tocarme, puedo verlo en sus ojos.

“Oh, querido” El tono de su voz es cálido y suave. Sus manos están temblando.

“Lo sé, cariño, lo sé” No sé qué es lo que sabe, pero sea lo que sea no puede ser bueno.

Su pelo es precioso. Me acerco a tocarlo. Grace se sorprende, pero no se

mueve. Su pelo es suave. Suave y cálido, como su voz. Grace sigue quieta. No respira.

Toco su oreja. Su piel es suave, como la de mamá. ¿Me dejará algún día

hacerle una trenza? “¿Puedo tocarte, Christian?” Me pregunta. Dudo por un segundo.

Doy un paso atrás y al intentar escabullirme me tropiezo y caigo al suelo. Me he

manchado los pantalones con barro.

Grace se acerca. Sigue acercándose. No parece que vaya a detenerse. Grace no me haría daño, ¿no?

Carrick y Elliot miran lo que ocurre desde la distancia. No dicen nada, solo

observan.

Cuando llega hasta donde estoy se detiene y me mira a los ojos. Dobla las rodillas y se sienta en el suelo, en el barro, como hacen los niños. Se sienta junto a mí. Conmigo.

Grace levanta la cabeza y mira al cielo. El cielo hoy tiene tonalidades de color

naranja. Como la fruta, diría mamá.

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“Christian, tú eres un chico dulce y bueno. Te mereces a alguien que te quiera

y que cuide de ti. Sé que todavía, aún, no has tenido a nadie que te quiera.”

“Quiero abrazarte, leerte cuentos y enseñarte cosas.” – me dice. “Puedo ser tu madre. Puedo serlo, si tú me dejas” Me dice en un tono pausado

pero firme y mientras me habla no deja de mirarme a los ojos.

“Sé que entiendes lo que digo, y sé que sabes cómo hablar, Christian” Todo el mundo piensa que soy estúpido. Todos menos Grace. Grace no.

Quiero hablarle sobre el Hombre Malo y sobre mami. Quiero hablarle sobre los palos de luz, de Jack y de observar a los chicos con las chicas. Quiero hablarle

de Jack rompiendo su foto. Quiero hablarle de Car y de cómo Jack también me pega.

Sin embargo callo. Callo mientras continúo mirándole a los ojos.

“Estoy segura de que tienes una voz preciosa y una risa encantadora. Tienes una sonrisa muy bonita, y antes me pareció, incluso, escucharte reír.”- me dice.

Por momentos me parece que Grace es feliz.

Quiero decirle que mami solía decir que yo sabía hablar. Quiero contarle todo. Quiero que vea las marcas que tengo en la espalda.

Quiero hablarle del miedo que tengo a los palos de luz. Quiero que me perdone. Quiero que sepa que lo siento. No quiero que Grace me pegue.

Abro mi boca e intento mover la lengua. Se oye un pequeño ruido que sale de mi garganta.

“Oh, pequeño, no te fuerces. Cuando estés preparado hablarás, lo sé”

Mantengo mi boca cerrada, y me pregunto cómo consigue saber lo que estoy pensando. Pensaba que eso sólo podía hacerlo mami. Quizás a Grace le gusto

como le gusto a mami. “Quizás podamos encontrar una manera diferente de comunicarte con nosotros

para ti” me dice, mientras yo inclino la cabeza y la reposo en mis rodillas para observarla.

“Podemos trabajar contigo escribiendo o incluso dibujando. De esa manera

sabremos que consigues todo lo que deseas” – Dice Grace. Nunca la he visto tan entusiasmada.

Quiero decirle que no sé cómo escribir palabras, solamente una: mi nombre. Uso mi dedo para escribirla en el barro donde sigo sentado, junto a Grace.

C-H-R-I-S-T-I-A-N

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Grace parece muy contenta.

“Sí, cariño, muy bien, ¡ese es tu nombre!”. Quiero decirle que mami me enseñó, pero en lugar de eso simplemente sonrío.

Ella escribe G-R-A-C-E, al lado de mi nombre. Lo miro, y luego la miro a ella.

“Este es mi nombre, mira. Algunas de las letras se repiten en ambos. Se repiten la R, la A, y la C.” Copio lo que ha escrito. Ella aplaude.

Estoy contento. Creo que incluso podría decirse que por primera vez en mucho tiempo vuelvo a sentir esa sensación de mariposas en el estómago, mezcla de

nervios y felicidad.

Me alegro de haberla hecho feliz. Me alegro de haberme sentido feliz al hacerla feliz, aunque haya sido solo un instante.

Nos quedamos sentados en el suelo. Ella deletrea su apellido, el que será mío también.

G-R-E-Y

A continuación escribe el alfabeto completo. Sin embargo solo alcanzo a recordar algunas de las letras, las primeras.

Me hace deletrear como será mi nombre entero C-H-R-I-S-T-I-A-N -G-R-E-Y. Es

la primera vez que veo mi nombre completo. Grace lo lee. Por alguna extraña razón me gusta como suena.

“Christian, podemos seguir practicando más en casa, ahora debemos marchar, está oscureciendo”.

Quiero preguntarle donde han ido Carrick y Elliot. Ya no están. Quizás se hayan

ido hace rato. Me levanto y simplemente la sigo. “No puedo esperar más. Me gustaría que pudieras venir ya, a vivir con

nosotros. Va a ser fantástico” me dice, y puedo notar en sus ojos que realmente lo dice de corazón.

Camino al lado suyo. Deseo decirle que yo también pienso lo mismo, pero en

lugar de eso, me limito a tocarle uno de los dedos de su mano, otra vez. Quiero que sepa que me gusta.

Grace es lo que siempre me hubiese gustado que fuera mamá.

Siempre había querido que mamá me enseñara cosas y que hablara conmigo, sin embargo, solo se limitaba a dormir. Mamá nunca me llevaba fuera. Grace es

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diferente.

El Hombre Malo no quería que saliese de casa. Nuestra casa. La habitación en

la que dormía siempre olía mal y como nunca levantaban las persianas, fuera de día o de noche, entre aquellas paredes siempre hacía frío. Odiaba aquel lugar.

“No, no más lágrimas, chico guapo. Desearía que pudieras decirme por qué

siempre lloras” Grace parece entristecer de nuevo mientras intenta consolarme. Siento rabia. No quiero estar triste, pero no puedo evitar recordar todo aquello.

Continúo sollozando mientras seguimos caminando hacia el coche. Me subo al asiento trasero.

Me gustaría explicarle, me gustaría contarle absolutamente todo, pero

simplemente no puedo. “Quizás cuando vengas a vivir con nosotros puedas decirme por qué estás

triste.”

“Abróchate tú también el cinturón, Christian” me dice Grace ya sentada en el asiento delantero del coche.

Yo no sabía que existían grandes coches con cinturones de seguridad para niños.

Grace enciende la radio y comienza a cantar. Nunca había escuchado esa

canción. Me gusta. Es bonita, y la voz de Grace cálida y suave, como su pelo. Cierro los ojos y la escucho cantar.

Desearía que mami alguna vez me hubiera cantado alguna canción. Que me hubiera cantado alguna canción como Grace le canta a Elliot todas las noches

antes de darle un beso de buenas noches.

Siento otra vez como la rabia me quema desde dentro.

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CAPÍTULO 8:

Cuando me despierto, estoy en la cama.

No tengo ni idea de cómo llegué hasta aquí y de repente me doy cuenta que Grace no está. Ya la echo de menos.

Jack está de pie justo delante de mi cama y está mirándome fijamente. Parece

muy enfadado y tiene una mirada realmente mezquina. Me voy escurriendo debajo de las sábanas para que deje de mirarme así, no

quiero verle.

“¿A dónde te llevó?” – Supongo que Jack debe referirse a Grace, porque no dice ningún nombre. Bajo la sábana para mirarlo, pero solamente un poquito porque

Jack me da mucho miedo y no estoy seguro de querer que me vea. “¿Todavía no quieres hablar?” Ahora tengo todavía más miedo porque me

parece que se está enfadando al no contestarle. Quiero que se vaya y me deje solo.

Quiero gritar y que así se marche. En lugar de eso, me saca la sábana de un

tirón y me agarra del brazo muy fuerte para sacarme de la cama. Me empuja y me golpeo el pecho con el suelo. Me duele mucho y ni siquiera me suelta el brazo.

“Grace cree que eres un chico normal y que te gustan las camas, pero yo sé

que no. Tú eres raro, eres diferente. Ella debería quererme a mí y llevarme a mí a la cama” ¿Llevarse a Grace a la cama?

Jack aprieta su mano tan fuerte que me doy cuenta que ya ni siquiera noto el brazo. En mi garganta empieza a oírse un ruido pero de golpe se oye otra voz

más fuerte.

“¡Jack!” Los gritos me asustan todavía más. Me asustan tanto que empiezo a llorar. Jack me suelta dándome otro empujón y me tapo rápidamente la cara,

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porque sigo llorando y solo quiero escapar.

“¿Qué está pasando aquí?” Se escucha otra voz, pero yo no quiero mirar.

Todavía tengo mucho miedo. Tumbado en el suelo empiezo a oír cómo Jack está gimiendo y aún sin mirarlo

sé que ha empezado a llorar él también.

“Oh, cariño.” ¡Es Grace! Se arrodilla al lado mío, “¿qué ha pasado?”. Me cuesta moverme porque aún tengo mucho miedo, así que sigo quieto mientras mis lágrimas continúan cayendo sin parar.

Jack le dice a Grace que yo he intentado pegarle. Siento como si alguien me

hubiera tapado la boca y no puedo casi ni respirar.

Intento tranquilizarme, me siento y la miro y veo que está muy triste por haber escuchado el comentario de Jack.

“¿Por qué has querido pegarle?”- La miro pero no puedo ni moverme. Yo no quería pegarle… ¿es que acaso él ha pensado que sí?

Jack sigue llorando y le muestra a mamá el lugar dónde dice que le he pegado.

No entiendo nada… yo no le he pegado. Me doy la vuelta, estoy tan furioso que le doy un puñetazo a la cama y siento

muchísimo dolor en la mano.

Grace hace un ruido muy raro, coge mi puño y vuelvo a ponerme a llorar mientras intento soltarme.

“Sé que es muy frustrante que no puedas hablar, pero necesito saber qué ha pasado, Christian. No pegues a las cosas, terminarás haciéndote daño tú”.

Me parece que ahora ella también está asustada y me habla muy cerca y flojito

para que solamente yo pueda oírla. “Está bien, cariño ¿por qué has pegado a Jack?”

Intento de nuevo pegar a la cama, pero ella me sujeta el puño y me lo impide. “¿Le has pegado?” La miro y mi cabeza grita ¡No! y empiezo a llorar otra vez.

Solamente quiero que ella me entienda.

Grace parece muy triste, pero muy enfadada a la vez. Mira a Jack y me mira de nuevo a mí. “Voy a llevarte a casa esta misma noche. Ya no hay ningún motivo para que sigas quedándote aquí”.

La miro fijamente. No entiendo nada. Ella se levanta y me suelta. “Voy a llamar

a alguien, acompáñame afuera”.

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Grace se queda quieta hasta que yo me levanto y los dos salimos juntos de la

habitación. Jack me mira muy enfadado mientras paso a su lado así que giro la cabeza rápidamente y vuelvo a mirar solo a Grace.

Ella coge una cajita oscura y empieza a pulsar unos botones. La miro, me encantaría tocarla a mí también. “Se llama teléfono móvil, cariño. Lo utiliza la

gente para comunicarse con otras personas que tienen otro teléfono”.

Grace comienza a hablar al teléfono y no sé muy bien qué está diciendo. Me duele mucho la mano, pero todavía me duele el brazo por culpa de Jack. Quiero tumbarme y descansar. Me encantaría encontrar a mamá y tumbarme a su

lado, y dormirme tranquilamente con ella. Pero sé que ella no me dejaría. Ella siempre dice que no le dejo dormir bien y descansar.

“Él necesita que alguien le cuide, que le ayude, que le quieran y estará bien.

Aquí no está recibiendo todas esas cosas, estamos perdiendo el tiempo y creo que incluso dañándolo más”.

Grace habla muy alto, tan alto que me asusta otra vez, así que retrocedo y me encojo, asustado. Ella me ve y rápidamente se arrodilla junto a mí y sonríe

dulcemente. “No estoy enfadada contigo, Christian, no te preocupes, todo saldrá bien” – Se levanta, se gira y vuelve a hablar por teléfono.

“Si algún miembro de la familia reaccionara y quisiera poner algún

impedimento, yo me encargaré de ello. Pero ahora, por el momento, lo que Christian necesita es estabilidad, una casa y una familia, no solamente un lugar

donde poder dormir. El chico está muy asustado, llora mucho, ¿crees que está pasando por una buena situación?” Pienso que –el chico- soy yo.

Al hablar, Grace mueve mucho el brazo que no sostiene el teléfono. Me acerco con cuidado hacia ella y le cojo el dedo para tranquilizarla. Al instante me doy

cuenta que su cara ha cambiado, y ahora parece que ella también tiene ganas de llorar.

Después de unos segundos en los que no dice nada y parece que está escuchando buenas noticias vuelve a hablar. “Gracias, muchísimas gracias,

Linda. Mañana hablaremos de nuevo te lo llevaré al mediodía”. El teléfono vuelve a estar en sus pantalones y parece muy feliz: “Vas a venirte a casa

conmigo esta noche Chistian”.

Estoy muy feliz y me gustaría poder decírselo, así que sonrío de la misma manera que ella lo está haciendo ahora mismo.

“Vamos a recoger tus cosas y nos marchamos para casa, se está haciendo tarde”. Mi boca se abre de golpe y empieza a salir aire. No puedo cerrarla.

Grace empieza a reír, “Exactamente lo que estaba yo pensando”- me dice, “pero se supone que debes cubrirte la boca cuando bostezas”.

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¿Bostezas? Ella vuelve de nuevo a la habitación de Jack y yo la sigo y escucho cómo le cuenta a su madre lo que ha pasado por teléfono. La mujer parece

feliz, debe ser que no le gusto. “¿Ya se va?” Jack parece triste por la noticia, pero no lo entiendo. Yo pensaba

que Jack no me quería.

“¡No quiero que se marche!”. Jack empieza a llorar, corre hacia mí y yo retrocedo a toda prisa. Creo que viene a abrazarme y una voz en mi cabeza no para de gritarle: ¡No!

“Jack, déjalo tranquilo, él no quiere que le toques. Puedes despedirte de él desde donde estás, sin tocarle” le dice Grace y parece que eso le enfurece

mucho. Jack frena en seco y puedo ver en su mirada otra vez su enfado, puedo ver cómo me odia en sus ojos.

“Adiós” y se marcha a la otra habitación. Miro a la mamá de Jack y a Grace, que ha comenzado a recoger mis cosas y ponerlas muy ordenadas en mi bolsa.

Por último coge a Car, Sol y Cielo para que los lleve en la mano y se despide de la madre de Jack antes de que salgamos juntos por la puerta.

“Adiós, pajarito”- dice la señora. La miro a la cara y le sonrío, porque no sé ninguna otra manera de poder despedirme.

Me subo al coche y Grace me ayuda a cerrar la puerta. Al sentarme puedo

notar otra vez cómo me duele el pecho y me pregunto si será por el golpe que me ha dado Jack y que me ha hecho caerme al suelo.

Algún día tendré que usar palabras, sé que tarde o temprano lo necesitaré. Grace dijo que era frustrante, pero no sé si eso es realmente lo que yo siento.

Nadie lo entiende, nadie me entiende del todo a mí. Estiro el brazo para tocar a Grace pero está demasiado lejos y el cinturón no me deja moverme. Hago un

ruido para llamar su atención y en seguida para el coche y se da la vuelta para mirarme.

“¿Qué te ocurre, cariño?” Yo continúo callado y tan solo me quedo mirándola, porque no sé qué me pasa. No puedo dejar de estar triste y el pecho me duele

muchísimo, cada vez más. Me llevo la mano al pecho y le señalo dónde me duele, esperando que ella pueda entenderme así. Grace se pone triste de

nuevo, se gira, apaga el coche y abre la puerta para salir de él y venir a mi lado por la puerta de atrás.

“¿Qué te pasa, mi niño? ¿Te duele el pecho? Déjame ver”. Se acerca para verme mejor pero me asusta porque está muy cerca y yo me aprieto para atrás

en el asiento del coche.

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“De acuerdo, bien, desabróchate la camisa y muéstrame dónde te duele. No

tengas miedo, no voy a tocarte”. La verdad es que es muy difícil, me cuesta mucho desabrocharme yo solo todos los botones, pero por fin me abro la

camisa y ella puede verme el pecho descubierto. “Ah, ya veo. Tienes un pequeño moretón justo aquí” – me dice señalándome el

lugar, pero sin tocarme “ese es el motivo de que sientas dolor. En casa te daré un poco de hielo para que te sientas mejor”.

Grace continúa mirándome y al agachar la cabeza me doy cuenta que ella está mirando las marcas que me han dejado los palitos luminosos, así que me tapo

rápidamente con la camisa otra vez. No quiero que me mire más. “Está bien que la gente pueda verse, no pasa nada” me dice mientras sonríe y cierra la

puerta con cuidado al salir del coche para volver a conducir.

El coche se mueve entonces durante mucho rato y los dos estamos callados, hasta que por fin llegamos a un edificio y se para. Me ayuda a salir del coche y una vez fuera puedo ver la casa; es enorme.

De repente, algo hace ruido detrás de la verja, un ruido muy fuerte que nunca

antes he escuchado. Me asusto muchísimo y vuelvo corriendo al coche, pero la puerta está cerrada ya. La cosa que ha hecho el ruido aparece de pronto,

camina sobre los pies y las manos, es muy peludo y tiene unos dientes gigantes. Cierro los ojos y pienso que se vaya, que no quiero verlo tan cerca de mí.

“Christian, cariño, es solamente un perro. Está ladrando para saludarte, eso es

todo, no debes temerle. A Elliot le encanta el perro de nuestros vecinos, nunca hace daño a nadie”.

Abro los ojos lentamente y lo miro. Aún estoy asustado, aunque ha dejado de hacer el ruido de antes. La verdad es que ahora no parece malo. Ahora está

muy oscuro y ni siquiera puedo verlo realmente bien, pero quizás con luz pueda verlo mejor y saber bien cómo es.

Grace abre el maletero y saca la bolsa que lleva mis cosas. Se dirige hacia la casa y yo la sigo, intentando ver cómo es este lugar.

Es una casa muy grande, con habitaciones grandes y grandes escaleras. La

verdad es que todo lo que hay en la casa es grande también. Grace continúa caminando y yo la sigo, procurando no separarme de ella, porque no quiero

quedarme solo. Sube unas escaleras y abre la puerta de otra habitación enorme. “Esta es tu habitación, empezamos a prepararla para ti hace algunas semanas, cuando decidimos que te vendrías a vivir a nuestra casa”.

Grace parece muy feliz pero yo no la entiendo. ¿Mi habitación? entiendo.

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“Esta cama es tuya, tiene cohetes en las sábanas. Además hemos puesto ropa

para ti en los cajones y la lamparita de la mesa estará encendida toda la noche. Así no tendrás miedo de quedarte a oscuras y podrás ver. Aquí hay también

una televisión y si quieres ver algo solo pregúntame y te enseñaré cómo funciona. Puedes poner tus coches en la mesa, si quieres y también puedes dejar la televisión encendida toda la noche. Aquí puedes hacer todo lo que

quieras, cariño, es tu habitación”.

Miro alrededor para observar todos los regalos que me ha dejado en el cuarto; hay libros en los que me dice que puedo pintar, hay lápices de colores y muchas cosas más. Ni siquiera sé qué debo hacer con tantas cosas.

“¿Quieres un snack?” ¡Odio que me digan cosas que no entiendo!... ¿Snack?

Quiero decirle que no he entendido lo que me ha dicho y pongo mala cara y

creo que ella me entiende, porque en seguida me dice:“Un snack es algo para comer, como por ejemplo antes de irte a la cama. A Elliot le gusta tomarse un vaso de leche con chocolate y una cookie.

Grace no espera mi respuesta, porque no sé qué ni cómo contestarle, así que

se marcha de la habitación dejándome solo.

Miro la pared, miro todas las cosas que hay en la habitación y no sé qué hacer. Todo es nuevo y diferente para mí, me entran muchas ganas de llorar otra vez, pero enseguida aparece de nuevo Grace con una taza y una cosa más que no

sé qué es.

“Esto es una galleta con trocitos de chocolate y en la taza hay leche con chocolate deshecho. A Elliot le encanta y estoy segura que a ti también te gustará”.

¿Dónde estarán Elliot y Carrick?

Cojo las cosas que me ha dado Grace y las miro lentamente y decido probar un

poco de leche, porque tengo mucha sed. ¡Está muy buena! La galleta es dulce y tan deliciosa que me la como entera de tres mordiscos.

Grace se ríe y del susto se me cae un poco de leche en la camiseta. Levanto los ojos con miedo, pensando que va a enfadarse por haber ensuciado la ropa,

pero sin embargo me mira y sonríe cariñosa. “Está bien, todo el mundo derrama algo alguna vez. Cuando te pongas el pijama la lavaré y no habrá

ningún problema. ¿Te ha gustado? En mi interior mi cabeza dice ¡Sí! Y ella recoge las cosas y las deja en la mesa.

Se acerca a uno de los cajones que me ha señalado antes y al abrirlos se pone a buscar algo de ropa.

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Al cabo de un rato cierra el cajón, se gira hacia mí y me acerca un unos

pantalones y una camiseta muy suaves y blanditos. “Ponte el pijama y dame la ropa que llevas para que pueda lavártela”. Grace se queda enfrente mirándome

mientras me cambio, así que aunque me esfuerzo creo que no puedo ocultarle las marcas que tengo en la piel.

La ropa nueva es muy calentita y suave y de repente siento todo el cansancio de golpe. Grace recoge la ropa usada. “Ve a probar tu nueva cama, yo

enchufaré la televisión”.

La televisión es una caja con un cristal y de pronto se enciende. Aparece un perro como el que he visto en el jardín y está con otros animales. Algunos de

ellos los reconozco, porque mami me habló sobre ellos. “Se apagará sola de aquí un rato, tú solamente descansa e intenta dormir”.

Subo de un salto a la cama y me meto rápidamente debajo de las sábanas, que son iguales a las de la casa de Jack, pero de otro color. Grace apaga la luz más

fuerte y la pequeñita sigue brillando, justo como me ha dicho que haría.

“Mañana, cuando sea de día, te enseñaré el resto de la casa. El cuarto de baño está justo al salir de la habitación y mi habitación y la de Elliot están solo unas

puertas más allá. Dejaré mi puerta abierta y puedes venir a buscarnos tanto a Carrick como a mí, cuando quieras. La puerta de Elliot está siempre cerrada, a él le gusta así. Creo que ahora mismo están ya los dos en la cama, porque es

muy tarde”.

Se acerca y me tapo la cara rápidamente con la almohada. “Duerme bien, ¿vale, Christian?” Creo que quería darme un beso, pero no lo hace y se marcha dejando la puerta entreabierta.

Me quedo yo solo en el cuarto y el perro en la televisión.

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CAPÍTULO 9:

“¡Mami! Hace mucho frío, todo está frío, no quiero estar aquí.”

Me duele la cabeza, me tiemblan los dientes, me tiemblan las piernas, los brazos y no puedo parar. Quiero que mamá me abrace y que pare este frío, pero ella sigue ahí tumbada, quieta y cuando me acerco a tocarla está todavía

más congelada que yo.

El Hombre Malo tiene un palito de fuego y al hundirlo en su piel ella ni siquiera se mueve ni grita, con lo que eso duele…Mi garganta empieza a hacer ruido y

sin poder contenerme utilizo palabras: “¡No!”- No quiero que le haga daño, ni siquiera quiero que la toque.

Empiezo a llorar porque no me hace caso, me coge el brazo y me hunde el palito luminoso en él. Quema, y no puedo apartarme, porque cada vez me

aprieta más fuerte. De repente, cuando miro hacia arriba hay más personas en la habitación y ni

siquiera las conozco. Empiezan a pisar a mamá y a darle patadas, mientras yo continúo haciendo todos los ruidos que puedo y les pego a ellos para intentar

que la dejen en paz.

Cuando por fin me miran, reconozco a Jack. Él me mira, con sus ojos llenos de odio y se acerca hacia mí, cogiéndome el brazo que tengo libre. Los dos me aprietan, me hacen mucho daño, ya ni siquiera puedo respirar, no puedo hacer

nada… Pero puedo llorar.

Cierro los ojos y al abrirlos, Grace está al lado de mami, tumbada y quieta. Las demás personas todavía siguen ahí.

El hombre Malo me agarra fuerte del pelo, mi garganta intenta hacer un ruido, intento gritar, pero no puedo. Sin soltarme mira a Jack y sonríen para ponerse

de acuerdo y empezar a pegarme. Me rindo, no puedo más, y recibo las

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siguientes patadas tumbado en el suelo, en silencio y llorando entre mamá y

Grace.

Una vez mami me dijo que cuando el Hombre Malo me pegara, debía tumbarme y no hacer nada, no resistirme y pensar en otra cosa. Lo intento, como mami me dijo, y pienso en que podría escapar si no tuviera brazos para

que ellos me sujetaran.

Pienso en Car, en Sol y en Cielo, que no puedo verlos por ningún sitio. “Jodido mocoso, ¡eres despreciable”.

“¡Christian! Oh, cariño, está bien, tranquilo, todo está bien…” Cuando abro los ojos, escucho un ruido y me doy cuenta que soy yo, que estoy llorando. Grace

y Carrick también están ahí, pero Grace ya no está tumbada junto a mami. La miro y ella parece que está bien, pero no puedo parar de llorar, porque me

cuesta sacarme la idea de que aún le pasa algo… como a mamá. “Desearía poder abrazarte, Christian, ¡por Dios!, desearía tanto poder quererte

mejor…” Grace está muy triste, y comienza a llorar, mientras se sienta a mi lado. Levanto la mano y le seco una lágrima que le cae por la mejilla y solo

consigo que llore todavía más. Carrick se acerca y me sonríe.

“Solamente ha sido una pesadilla, chico, tranquilo. Todo el mundo las tiene, pero no son reales, y se pasan”.

¿Cómo puede pasar algo y que no sea real? ¿Cómo sé yo entonces qué es real y qué no? ¿Qué es real y qué es pesadilla? Quiero preguntarles dónde está

mamá para que me ayude a tranquilizarme, para que sea buena conmigo y yo vuelva a estar feliz. Pero ahora Grace y Carrick están aquí y me sonríen, son ellos los que quieren tranquilizarme.

¿Se enfadará mamá si dejo que lo hagan? No quiero que se enfade pero yo

quiero sonreír otra vez. Estoy muy cansado, solo quiero cerrar los ojos… y descansar para siempre, no abrirlos nunca más.

Bostezo y poco a poco dejo de llorar. Grace se da un beso en la mano y la acerca a mi pelo, para que yo sienta que me quiere. Mi cuerpo se estremece y

quiere retroceder, pero no le dejo que lo haga y me quedo quieto, esperando que su mano me roce. Su mano no duele, solo se apoya en mi cabeza y siente

mi pelo.

Quizás a ella le gusta jugar con el pelo. A mí me encanta hacer trenzas. Miro a Grace y ya no quiero retroceder.

“Tienes un pelo precioso, es muy suave y tiene un color muy bonito”.

Nunca he visto el color de mi pelo. En el cuarto de baño de la casa donde vivía Jack, había algo en la pared encima del lavabo que servía para verte, para

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saber cómo era tu cara, tu pelo, pero yo era muy pequeño para llegar hasta

allí.

“Mañana, haremos muchísimas cosas. Estoy muy contenta de enseñarte todo lo que quieras aprender, y de pasar tiempo a tu lado, Christian”. Grace parece muy feliz y mueve la mano dulcemente por mi pelo. Sonrío y voy a estirarme de

nuevo en la cama, pero entonces Grace aleja su mano de mi pelo, yo me detengo y sujeto su mano con la mía, para que siga jugando con él.

Quiero que se quede conmigo y que siga contándome cosas, lo que sea, que siga hablándome así, tan tranquila, pero no sé cómo hacerlo.

Ella empieza a llorar. Odio tener la culpa de que la gente llore, odio ponerla

triste y que llore por mí, porque entonces yo también estoy triste por ella. “Cariño, estas son lágrimas de felicidad,” – ¿cómo sabe ella lo que estoy

pensando siempre? ¿Qué son lágrimas de felicidad? No sabía que existían distintos tipos de lágrimas “estoy feliz de que dejes que

te toque el pelo”.

Carrick se da la vuelta, “Os dejo solos, buenas noches Christian, que tengas felices sueños”.

No sé cómo decirle que espero que él también los tenga, así que solamente asiento con la cabeza, de la misma manera que hago cuando quiero decir que

sí. Carrick debe haberlo entendido porque antes de marcharse me mira y me devuelve la sonrisa.

Estoy muy contento de que también él pueda entenderme sin palabras. Grace sigue sentada en la cama, a mi lado y continúa acariciándome el pelo,

suavemente.

“Estoy muy feliz de tenerte aquí, Christian. Estamos los dos muy ilusionados por tener a otro chico tan guapo en nuestras vidas, como Elliot, porque ahora

somos una familia aún más grande. Él nos bendijo al llegar a nuestras vidas, y ahora la bendición es doble”.

Yo sigo mirando a Grace, pero no sé si sonreír o decir que sí con la cabeza, así que giro lentamente mi cabeza, y miro el techo.

“Sé que no nos ha dado tiempo para conocernos bien, pero yo ya te quiero y

quiero que sepas que para mí ya eres especial y te llevo en mi corazón desde el primer día. Carrick también te quiere y Elliot está muy emocionado por tener un nuevo hermanito con el que poder jugar. Quizás algún día podrás hablar y

decirnos que tú también nos quieres”.

Me gustaría decirle que yo ya siento que la quiero, quiero a Carrick e incluso a Elliot por querer jugar conmigo, pero simplemente la miro, callado. No puedo

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pensar en cómo explicárselo y eso me hace sentir frustrado, tal y como Grace

dijo.

“Deberías dormir, pequeño. Quiero que mañana hagamos muchas cosas y no puedes estar cansado, incluso me he pedido el día libre para estar contigo todo el rato posible,” ¿En qué trabaja Grace?

El Hombre Malo siempre tenía trabajos para mami, ¿es que acaso alguien tiene

también trabajos para Grace? Hay demasiadas cosas que no puedo preguntar sin utilizar las palabras y eso me enfurece y me pone muy triste.

“Cierra tus preciosos ojos y simplemente intenta descansar, me quedaré a tu lado hasta que te quedes dormido”.

Escucho muy atento todo lo que Grace me dice, porque mami me dijo que es

bueno escuchar siempre a las personas. Ella no deja de acariciarme el pelo y recuerdo la vez que mamá lo hizo y yo me puse a llorar cuando paró, porque estaba cansada y quería dormir.

El recuerdo me entristece y de nuevo vuelvo a llorar. Creo que solamente

derramo una lágrima, pero Grace se asusta y aparta su mano de mí.

“Oh, lo siento, me has roto el corazón”. Yo no quiero romper el corazón de nadie. “Vamos a intentarlo de nuevo, cierra

los ojitos por mí”. Lo hago y empiezo a escuchar su voz, cantando una canción preciosa que nadie me había dejado oír anteriormente.

A veces, mami cantaba alguna canción pero nunca una tan dulce como esta, dedicada para mí. Trata de una madre que quiere mucho a su hijo, lo cuida y lo

protege y va viendo cómo se hace mayor a su lado. Grace tiene una voz muy agradable y un pelo muy bonito.

Igual que mamá.

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CAPÍTULO 10:

Cuando abro mis ojos de nuevo, el sol ha vuelto.

Grace ya no está conmigo. No sé si tengo permiso para levantarme. No quiero que se enfade. No quiero desobedecerla.

La cama está mojada.

Grace va a enfadarse. Mucho. Comienzo a llorar.

Lo he estropeado todo.

De pronto Carrick entra en la habitación. Quiero desparecer. Intento esconderme debajo de las sábanas. No sirve de nada. Antes de que me dé

tiempo a taparme he visto cómo alcanzaba a verme.

Comienza a hablarme. “Hey, cariño, ¿por qué estás llorando?”

”Sólo vengo para despertarte. Así podremos desayunar juntos… en familia”.

Muevo la cabeza de un lado al otro. No quiero bajar. No quiero que se dé cuenta de lo que he hecho.

No consigo despegar la mirada de las sábanas.

“Tienes que comer, aunque sea un poco. Queremos que vengas con nosotros y

nos acompañes. ¿Por qué estás llorando, hombrecito?”

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Se acerca a la cama. Aprieto las sábanas con mis manos.

No quiero moverme. Me da miedo que vea que la cama está mojada y se

enfade. Cuando se sienta junto a mí noto que sabe por qué estoy llorando. Empiezo a

llorar con más fuerza. Es como si pudiera escuchar los gritos.

Sin embargo, cuando empieza a hablar de nuevo su voz todavía es dulce y cariñosa.

“Christian, has mojado la cama, no pasa nada, seguramente estabas asustado”.

Mi cabeza sigue moviéndose para decir no, no quiero que se lo cuente a Grace, por favor.

¿Es esto por lo que estabas llorando?

No pasa absolutamente nada, Christian, las lavaremos y pondremos otras nuevas y limpias. A veces pasa y no hay nada de qué preocuparse. Poco a poco

te sentirás mejor, más relajado y dejarás de hacerlo”.

No me grita. No me pega. Se limita a sonreírme mientras me mira. “Llamaré a la señora Touhey para que las cambie. Ella se ocupa de las tareas

de la casa y tendrás las sábanas limpias cuando vuelvas a dormir esta noche. Venga, ¡vamos a comer!”

Se levanta y me espera en la puerta para que salga de la cama y le acompañe.

Nunca he tocado a Carrick pero ahora quiero hacerlo.

Cuando salimos de la habitación caminamos juntos, uno al lado del otro. Me acerco a él y toco sus dedos con los míos, como hice con Grace. Al notar mi

mano se gira y me mira. Espero que no se haya enfadado. Sonríe otra vez. Por si acaso retiro mi mano y

sigo caminando.

De repente Carrick se detiene. Se agacha y acerca su mano a la mía. No llega a tocarme. La mantiene cerca pero alejada en el aire.

“Está bien”–me dice. Así que mirando fijamente a su mano voy acercando la mía poco a poco hasta que por fin nuestros dedos se tocan. No es suave ni tan

delicada como las de Grace o mamá, pero es también una mano agradable. Es mucho más grande y no lleva ningún anillo como las manos de Grace.

Tiene también un reloj en la muñeca, muy pequeñito. Acerco mis dedos a él y

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lo toco. Es blando y duro a la vez.

“Es un reloj, Christian. Te dice la hora y la fecha. Así puedes ver cuánto tardas

en hacer las cosas y saber en qué momento preciso del día estás.” Es muy bonito, me encanta y al sonreírle él sabe que me gusta.

“Podemos comprarte uno, si tú quieres, así tú también podrás llevarlo en la

muñeca y saber la hora”. Mi cabeza dice ¡Sí, sí!

Carrick parece feliz.

Se levanta y comienza a caminar de nuevo. Yo le sigo muy contento. Ahora sé

seguro que no está enfadado por haber mojado la cama. Elliot y Grace están comiendo en la mesa y Elliot no para de hablar mientras

corta la comida de su plato.

Mami me habló una vez sobre la escuela y me dijo que algún día me dejaría ir. Me dijo también que todas las niñas y los niños van a la escuela a aprender

cosas nuevas. Mami decía que yo era muy listo.

Creo que me gustaría ir a la escuela. Me gustaría ir con Grace y Elliot. Me gustaría aprender cosas nuevas como Elliot.

Elliot sí va a la escuela.

Grace me mira. Parece feliz por verme entrar sonriendo.

“Siéntate aquí, cariño. Tenemos gofres, bacon, huevos y zumo para ti”.

Nunca antes he comido esas cosas, pero cuando me subo a la silla y veo la comida en la mesa parece deliciosa. Mi estómago empieza a hacer ruido. Tengo muchísima hambre.

“¿A ti también te gustan los gofres? A mí me encantan con sirope y

mantequilla”- me dice Elliot. Veo que tiene el plato ya casi vacío.

Me está mirando fijamente y me pongo nervioso porque no sé qué es lo que debo hacer. De repente salta de su silla y se sienta en la silla vacía que está más cerca de mí. No me asusto. Elliot ya no me da miedo.

Coge mi plato con la comida, lo pone delante de él. Me pregunto si va a

comérselo y dejarme sin desayuno.

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“Mira”- me dice, “debes cortarlo en trocitos pequeñitos que te quepan en la

boca. Después pones sirope por encima, un trocito de mantequilla y te lo comes. Así”.

Miro cómo lo hace. Seguro que Grace le enseñó cómo hacerlo cuando era pequeño como yo.

Aparta el plato con la comida y lo coloca delante de mí. Otra vez.

Cojo el palito plateado para pinchar un trocito de los que ha preparado y lo pongo en mi boca. Intento no levantar la mirada del plato. Puedo notar cómo

todos están mirándome.

¡Está buenísimo! Mi estómago vuelve a hacer ruido. Creo que está contento y quiere más. “¿No son los mejores gofres que has comido nunca, Christian?”-

Elliot parece muy feliz y me sonríe. Le sonrío a él porque también lo estoy. “Prueba el bacon y los huevos también, pero bebe un poco de zumo antes”. Me

ayuda a poner el zumo en un vaso más pequeño y los huevos y el bacon al lado de los gofres.

Está todo delicioso así que digo que si con la cabeza para que él también sepa

que me encanta este desayuno. Pincho otro trozo y lo pongo de nuevo en mi boca.

“Mastica bien, sino te atragantarás y empezarás a toser”.

Elliot sabe muchísimo. Me pregunto si es muy mayor. Miro la mano que tiene apoyada encima de la mesa y parece igual que la mía. Acerco poco a poco la

mía hasta la suya para tocarla y saber si es suave o no. Él se queda muy quieto. Puedo notar que es delicada como la de Grace.

“Me gustas, Christian, me alegra mucho tenerte como hermano”- me dice sin

apartar sus dedos de los míos. Sonrío. No sabía que yo era un hermano. No entiendo qué es lo que significa,

pero veo que eso le hace feliz. Nunca antes había visto a alguien igual de pequeño que yo, aunque realmente él es un poco más grande. No tan grande

como Grace o Carrick, solamente más grande que yo.

Miro a Grace y a Carrick. Ya no me miran. Están usando palabras entre ellos. No sé si Carrick le ha contado a Grace lo que ha ocurrido anoche pero los dos parecen muy contentos. ¿Estarán contentos porque me gusta el desayuno?

“He de irme a la escuela, pero si quieres cuando vuelva a casa podríamos ver

juntos la televisión ¡o jugar a fútbol en el jardín!” Sé que la televisión está en mi cuarto, porque ayer Grace me la enseñó, pero no sé qué significa fútbol.

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No me importa.

Sea lo que sea el fútbol, se seguro que querré jugar con él. Le digo que sí con la cabeza. Me sonríe feliz.

Por un momento me parece como si hacer feliz a la gente no fuera algo difícil.

Quiero que me quieran y que eso les haga felices a los tres. A Carrick, a Grace y a Elliot.

Elliot baja de la silla.

Yo sigo comiéndome los trocitos que él me ha cortado en el plato.Bebo zumo

entre trozo y trozo para no atragantarme, tal y como Elliot me ha explicado. “La señora Touhey ya está afuera. Elliot, no la hagas esperar”- dice Grace.

Elliot coge una mochila. Una igual que la que Grace usó para poner mis cosas y

traerlas a esta casa.

Grace les da un beso a los dos. A Carrick y a Elliot. Se acerca a mí y me coge de la mano. Grace y yo nos quedamos mirando como Carrick y Elliot se van.

“Hasta luego”- dice Elliot mientras corre hacia la señora Touhey.

“Hasta pronto, Elliot” pienso para mí mismo.